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En el panorama laboral actual, y de forma cada vez más frecuente, escuchamos hablar de los jóvenes con cierta condescendencia. Términos peyorativos como «ninis» han ocupado titulares y conversaciones, dibujando un retrato generacional injusto y sesgado. Sin embargo, en Serlog nos gusta poner el foco donde reside el verdadero talento y la capacidad de transformación. Hoy queremos hablar de la otra cara de la moneda, una realidad silenciosa pero poderosa: la generación de los «Sí-Sí».

Hablamos de esos jóvenes, con edades comprendidas entre los 16 y los 30 años, que han tomado una decisión valiente y exigente: sí estudian y sí trabajan. Esta decisión, lejos de ser un camino de rosas, es una declaración de intenciones que forja un carácter y unas competencias invaluables para el futuro.

Un salto a la madurez impulsado por la necesidad

Para comprender la magnitud del esfuerzo de los «Sí-Sí», es fundamental analizar el contexto en el que han crecido. Como explica nuestra Directora de Recursos Humanos, Paula Sánchez, esta generación ha vivido el «sobresalto en sus carnes». Son jóvenes marcados por eventos globales que han resquebrajado la sensación de seguridad: son hijos de la crisis de la construcción y han vivido en primera persona las consecuencias de una pandemia.

Esta serie de acontecimientos les ha transmitido un mensaje claro: «lo que parecía que antes funcionaba siempre, ahora no». Han crecido en un entorno de «constante ay, ay, ay», una incertidumbre latente que les ha empujado a tomar las riendas de su futuro. Su respuesta a este entorno no ha sido la pasividad, sino la acción: «se preparan y además trabajan».

Esta actitud proactiva es diametralmente opuesta a la de los «ninis», quienes a menudo provienen de un «momento de bonanza» donde «parecía que el futuro iba a llegar solo». Los «Sí-Sí», impulsados en gran medida por la necesidad de aportar en casa debido a que «los sueldos cada vez cunden menos», han comprendido desde muy pronto el valor del esfuerzo.

El esfuerzo de estudiar lejos de casa

El perfil de estos jóvenes trabajadores y estudiantes es variado, pero encontramos un patrón muy claro y meritorio entre aquellos que deben desplazarse para continuar su formación. Muchas de las personas que empiezan a trabajar en cuanto se ponen a estudiar «no son de la ciudad en la que estudian».

Este grupo de jóvenes, que se ha trasladado desde sus pueblos a ciudades como Zaragoza, a menudo trabaja con un objetivo muy concreto: «para pagarse la habitación en la que pernoctan» o para contribuir «en el pago del propio alquiler». Este nivel de responsabilidad económica a una edad temprana es un indicativo de un nivel de madurez excepcional.

En contraste, los jóvenes que tienen la facilidad de vivir en la ciudad en la que estudian y, por tanto, no se enfrentan a estos gastos de alojamiento, también trabajan, pero su motivación económica suele estar orientada a «pagarse sus gastos» personales.

Un abanico de oportunidades en el mercado laboral

Afortunadamente, el mercado laboral ha evolucionado para dar cabida a esta doble faceta de estudiante y trabajador. El «cambio de la normativa laboral», que ahora es «mucho más flexible», ha sido un factor clave. Esta flexibilidad favorece la creación de oportunidades laborales compatibles con los estudios, como las «jornadas parciales de todo tipo», los contratos «indefinidos» y la figura de los «fijos discontinuos».

Estas opciones permiten a los «Sí-Sí» integrarse en diversos sectores. Históricamente, la «hostelería» ha sido un refugio tradicional, aunque actualmente encontramos muchas opciones en el «comercio» y, de forma cada vez más destacada en zonas logísticas como Zaragoza, en el sector de la «logística».

Las competencias ocultas: el verdadero tesoro de los «Sí-Sí»

Podría parecer que compaginar estudios y trabajo es únicamente una necesidad económica, pero el valor real de esta experiencia va mucho más allá. Trabajar desde joven proporciona una «educación muy positiva». Es una escuela acelerada de la vida real que ninguna universidad puede igualar.

Como subraya Paula Sánchez, «las personas que trabajan desde jóvenes adquieren unas competencias que les diferencian completamente de las personas que llegan al primer trabajo solo habiendo estudiado FP o la carrera». Esta diferencia es fundamental en los procesos de selección actuales.

Un joven «Sí-Sí» ha aprendido a gestionar su tiempo con eficacia, a lidiar con la presión, a interactuar con clientes, a resolver problemas imprevistos y, sobre todo, a entender el valor del compromiso y la responsabilidad. El cambio en el desarrollo profesional de estos jóvenes, en comparación con quienes solo han estudiado, «cambia completamente».

Serlog y la apuesta por el talento forjado en el esfuerzo

En Serlog, valoramos profundamente a estos profesionales que han construido su camino a base de perseverancia. Sabemos que un currículum que combina estudios y trabajo no solo refleja una necesidad económica, sino una actitud proactiva, una gran capacidad de adaptación y una madurez que es el cimiento perfecto para cualquier organización. Si buscas talento que no se asusta ante el esfuerzo, los «Sí-Sí» son, sin duda, la generación a la que debes mirar.