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En algunas empresas, el Plan de Formación anual sigue siendo un trámite burocrático («hay que gastar el crédito de la FUNDAE antes de diciembre») o un «copia y pega» del año anterior. Se ofrece un catálogo de cursos genéricos —Inglés, Excel avanzado, Gestión del Tiempo— y se espera que, por arte de magia, esto mejore la productividad.

El resultado suele ser «cursitis»: empleados que acumulan diplomas pero que el lunes por la mañana siguen trabajando exactamente igual que antes.

En 2026, con la velocidad a la que cambian las competencias técnicas y digitales, la formación ya no puede ser un «beneficio social» o un premio. Es una herramienta de supervivencia estratégica. Si tu equipo no está aprendiendo cosas nuevas cada trimestre, tu empresa se está quedando obsoleta en tiempo real.

Pero, ¿cómo pasamos de «dar cursos» a «desarrollar talento»?

Paso 1: El diagnóstico 

El primer fallo al diseñar el plan es lanzar una encuesta a toda la plantilla preguntando: «¿En qué te gustaría formarte este año?».

Si haces esto, obtendrás una lista de deseos personales (clases de yoga, idiomas exóticos o cursos que no tienen nada que ver con su puesto). La pregunta correcta no es qué quieren estudiar, sino qué necesitan resolver.

La Detección de Necesidades Formativas (DNF) real no sale de una encuesta, sale de la Evaluación del Desempeño.

Aquí es donde conectan ambas estrategias. Si en la evaluación de desempeño detectas que un equipo de ventas no cierra tratos, no necesitan un curso de «Motivation Speaker»; necesitan técnica de negociación o cierre. Si detectas que hay mucha rotación en un departamento, el manager no necesita un curso de Excel, necesita formación en liderazgo y gestión de conflictos.

La formación debe ser la respuesta a una brecha de competencia detectada.

Paso 2: El fin del «café para todos»

En 2026, el aprendizaje efectivo sigue la regla del 70-20-10, adaptada a los nuevos tiempos:

  • 10% Formación formal: Cursos, talleres, e-learning. Es la base teórica.
  • 20% Aprendizaje social: Mentorías, shadowing (acompañar a un experto), comunidades de práctica interna. Aquí es donde se comparte el «know-how» tácito de la empresa.
  • 70% Experiencia (On the job): Proyectos transversales, rotaciones temporales, asignaciones especiales. Se aprende haciendo.

Un buen Plan de Formación 2026 debe diseñar ese 90% (el aprendizaje informal y experiencial) con la misma rigurosidad que contrata el curso del 10%.

Upskilling y Reskilling: las palabras de moda que importan

No podemos ignorar la realidad tecnológica. La IA y la automatización están cambiando los roles. Tu plan debe contemplar dos vías:

  1. Upskilling: Mejorar en lo que ya hacen (ej. un contable aprendiendo a usar IA para automatizar facturas).
  2. Reskilling: Reciclar a perfiles cuyos puestos van a desaparecer para que ocupen nuevos roles (ej. un administrativo de atención al cliente pasando a Customer Success Manager).

Paso 3: Medir el impacto 

Para que la formación sea estratégica, debes medir:

  • Aprendizaje: ¿Han adquirido los conocimientos? (Test, role-play).
  • Comportamiento: ¿Lo están aplicando en su puesto tres meses después? Esto requiere observación y feedback de sus jefes.
  • Resultados: ¿Ha mejorado el KPI que queríamos mover? ¿Han subido las ventas? ¿Ha bajado la rotación? ¿Se han reducido los errores en producción?.

Si no puedes vincular la formación a un indicador de negocio, te costará mucho defender el presupuesto del año que viene.

Plan de formación 2026 cómo identificar necesidades y medir el impacto - Serlog

¿Tu plan de formación es un gasto o una inversión?

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