El «match» perfecto en tu equipo: por qué el currículum ya no es suficiente para contratar bien

El «match» perfecto en tu equipo: por qué el currículum ya no es suficiente para contratar bien

Este contenido ha sido generado con IA y editado antes de su publicación por el equipo de Serlog

A todos nos ha pasado. Abres un proceso de selección, entrevistas a un candidato con un currículum brillante, unas referencias impecables y una experiencia técnica que parece caída del cielo. Lo contratas con toda la ilusión del mundo y, a los pocos meses, la magia desaparece. El ambiente en la oficina se tensa, los roces son constantes y, finalmente, la relación laboral se rompe.

¿Qué ha fallado si técnicamente era perfecto? La respuesta, como a menudo recordamos en Serlog, rara vez está en las aptitudes, sino en las actitudes y en la química del grupo. Construir un equipo de alto rendimiento    no es juntar cromos brillantes; es crear un ecosistema equilibrado donde cada persona pueda brillar sin apagar al de al lado.

El equilibrio de personalidades: la clave para que el equipo funcione

Para que un equipo funcione de verdad, una de las claves principales es que exista un equilibrio entre las variables de personalidad de las personas que lo configuran. No podemos fijarnos únicamente en lo que el candidato sabe hacer técnicamente.

Imagina un equipo de trabajo como un delicado ecosistema. Si introducimos perfiles con una energía excesivamente dominante en un grupo donde ya existen líderes naturales, el conflicto está garantizado. Como dice la sabiduría popular, dos gallos no pueden estar en el mismo corral. Por eso, desde Recursos Humanos, a la hora de seleccionar talento, debemos tener clarísimo qué roles y personalidades estamos introduciendo, sumándolo a las competencias técnicas que obligatoriamente hay que cubrir.

La selección de personal es como una relación de pareja

En Serlog nos encanta utilizar una metáfora muy gráfica, bajada al terreno del día a día, que ayuda a entender a la perfección por qué fallan tantas contrataciones: las relaciones de pareja. Si tú y yo tuviéramos una relación y yo quisiera tener hijos, pero tú no, seguramente lo nuestro no duraría en el tiempo. Por mucho cariño que hubiera, nuestros proyectos vitales acabarían chocando.

En el ámbito del trabajo hay que hacer exactamente lo mismo. Una de las cosas que mejor nos funciona en nuestros procesos de selección es recoger y analizar detenidamente cuáles son los valores de la persona que va a entrar a formar parte de un equipo. Pero esto solo es la mitad del trabajo. La otra mitad, indispensable, es conocer profundamente cuáles son los valores de la empresa a la que van a entrar a trabajar.

El gran secreto del éxito reside, simplemente, en alinear lo que la persona busca con lo que la empresa le va a dar.

Alinear expectativas: el ejemplo del reconocimiento vs. la maestría

Pongamos un ejemplo práctico para visualizarlo mejor. Imagina a un candidato fantástico cuyo motor principal, lo que de verdad le mueve, es conseguir reconocimiento y notoriedad. Esta persona necesita aplausos, visibilidad y proyectos donde pueda destacar.

Sin embargo, entra a trabajar en una empresa en la que se valora, por encima de todo, la pericia y la maestría técnica. ¿Qué crees que va a pasar? Seguramente ese encaje no va a durar mucho tiempo. El empleado se sentirá invisible, y la empresa sentirá que el empleado peca de un afán de protagonismo innecesario.

Nadie es «el malo» de la película; simplemente, sus valores no estaban alineados.

Contratar estrategia

Crear equipos felices, sanos y productivos no es fruto del azar. Es el resultado de mirar a los candidatos como seres humanos completos, con sus anhelos, sus valores y sus estilos de relación, y buscarles el hogar corporativo donde realmente puedan encajar y ser ellos mismos. Cuando logras ese nivel de alineación, el ambiente de trabajo florece y se convierte en tu mejor imán para atraer talento.

Si tienes una vacante abierta y quieres asegurarte de que tu próximo fichaje sea un verdadero «match» tanto en lo técnico como en lo humano, ponte en contacto con nosotros. En Serlog te ayudamos a encontrar al profesional que compartirá la visión y los valores de tu proyecto.

El verano que te cambia la vida: por qué tu primer empleo es el mejor máster profesional

El verano que te cambia la vida: por qué tu primer empleo es el mejor máster profesional

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Si hiciéramos una encuesta y preguntáramos a grandes profesionales, directivos o especialistas de cualquier sector sobre sus inicios, la inmensa mayoría compartiría una experiencia común: un primer empleo durante la época estival. Esos primeros trabajos, a menudo alejados de su verdadera vocación o de lo que habían estudiado, se convierten en recuerdos imborrables. En Serlog somos unos grandes defensores de estos primeros pasos en el mundo laboral, porque sabemos que, más allá del salario que se percibe a fin de mes, representan una escuela de vida inigualable y un trampolín indispensable para el desarrollo profesional.

Cuando nos enfrentamos al verano o a cualquier periodo de vacaciones largas, la sociedad nos lanza a menudo un mensaje que separa el ocio de la responsabilidad. Sin embargo, nuestra perspectiva como consultores de Recursos Humanos es diferente. Nosotros «siempre vemos que trabajar mientras estudias suma». Y no suma poco, sino de una forma exponencial. Estos empleos, que a primera vista pueden parecer menores o irrelevantes para la carrera que el joven está cursando, actúan como un verdadero «acelerador del desarrollo de esas competencias que vas a necesitar posteriormente en tu carrera profesional».

La transformación invisible: de estudiante a profesional

La teoría de las aulas, por muy excelente que sea, a menudo se encuentra en un plano abstracto. Las lecciones, los apuntes y los exámenes proporcionan los cimientos del conocimiento, pero es el roce con la realidad lo que forja el carácter. Esta transformación es especialmente visible en aquellos jóvenes que dan el paso de compaginar la formación teórica con la práctica laboral.

Es muy frecuente observar la diferencia cuando te encuentras con «una persona que acaba de finalizar la carrera» de una disciplina compleja, como «ingeniería, y ha trabajado en verano de lo que sea». No importa si su labor ha sido la de «camarero, de mozo de almacén» o si ha estado atendiendo al público en una heladería. Lo que realmente cuenta no es la tarea en sí, sino el ecosistema en el que se ha desenvuelto.

Normalmente, el simple hecho de haber estado inmerso en la dinámica laboral, con sus rutinas, exigencias y relaciones interpersonales, «correlaciona con que se expresa con más fluidez» y demuestra tener «más competencias orientadas a la proactividad». Un joven que ha tenido que resolver las dudas de un cliente indeciso o gestionar un pico de estrés en un almacén ha adquirido unas habilidades comunicativas y de resolución de conflictos que no se enseñan en ninguna asignatura universitaria.

Un consejo para las familias: el equilibrio es la clave

El dilema de trabajar o centrarse exclusivamente en los estudios es una conversación recurrente en muchos hogares. Es lógico y natural que los padres se preocupen por el rendimiento académico de sus hijos. Muchos progenitores «pueden pensar que es mejor céntrate en los estudios y luego ya verás», temiendo que un empleo estival pueda restar tiempo o energía a su formación principal.

A estas familias, desde Serlog, les lanzamos un consejo claro y contundente: «abrirse a trabajar y compaginar estudios y trabajo siempre suma». Por supuesto, este equilibrio requiere organización, disciplina y un esfuerzo extra, pero la recompensa es inconmensurable. 

Ese esfuerzo forja en el joven una resiliencia y una madurez que lo diferenciarán enormemente de aquellos candidatos que llegan a su primera entrevista de trabajo cualificado sin haber tenido jamás contacto con el mundo laboral. Aprender a valorar el dinero ganado con esfuerzo, entender la importancia de la puntualidad y aprender a trabajar en equipo son lecciones que marcan la diferencia.

La importancia de la experiencia: todo aprendizaje suma

Existe una tendencia a menospreciar o restar importancia a los empleos que no están directamente relacionados con la titulación que se ha estudiado. Si un joven estudia arquitectura y trabaja de repartidor en verano, podría pensar que esa experiencia no le servirá de nada en su futuro despacho. Nada más lejos de la realidad.

«La importancia de ese primer trabajo, tenga o no tenga que ver con tu luego carrera profesional, es fundamental». Cada interacción, cada tarea, cada responsabilidad asumida es una pieza más en el puzle del desarrollo personal y profesional.

Y no debemos olvidar un aspecto crucial de cualquier experiencia humana: «tanto sea una buena experiencia como sea una mala, implica un aprendizaje». A veces, descubrir lo que no te gusta, aprender a gestionar a un jefe difícil o darte cuenta de que no estás cómodo en un determinado entorno de trabajo es una lección más valiosa que un mes en un trabajo perfecto. Esta primera incursión es, como acertadamente comenta Paula con una sonrisa, «como un primer novio, pues sale bien, sale mal, pero oye es el primero». Te enseña, te moldea y te prepara para lo que está por venir.

Así que, si este verano te estás planteando si debes o no buscar ese primer empleo, no lo dudes. Lánzate. Ese trabajo como cajero, monitor de tiempo libre o recepcionista no es solo una forma de ganar dinero para tus vacaciones; es la inversión más inteligente que puedes hacer para tu futuro profesional.